jueves, 29 de noviembre de 2012

Marea blanca

Una marea blanca de miles de trabajadores de la sanidad pública, familias y pacientes, médicos, enfermos y enfermeros, celadores, asistentes, recepcionistas, conforman una auténtica nube de protesta que llena de razones las calles de Madrid.

JUEVES, 29 DE NOVIEMBRE DE 2012   ANTONIO MIGUEL CARMONA
 
Que nadie se confunda, no caigamos en el engaño, no seamos presas de la confusión que tratan de generarnos. No es una cuestión de austeridad, ni mucho menos de ideología, es, simplemente… un negocio.
Efectivamente, no es una cuestión de austeridad. El Presupuesto Sanidad de la Comunidad de Madrid para 2013 permanece prácticamente invariable. Cabe decir a este respecto que si analizamos las partidas que conforman la cuenta, observamos una reducción en lo público y un aumento en lo privado. Pero, ciertamente, no deben engañarnos con el hecho de que es una cuestión de austeridad.
Tampoco es una cuestión ideológica aunque, bien es cierto, saben enmascararlo con la confusa idea de liberalismo del XVIII, que traen arrastras los conservadores españoles y lo hacen suyo en algunas regiones como la de Madrid o la de Valencia. Una burda excusa.
Es, por lo tanto, una cuestión de negocio. Un suculento business en el que las compañías acceden a servicios inelásticos. Esa es la clave.
Un bien o servicio inelástico, precisamente, es aquel cuya demanda varía en grado menor ante una variación mayor del precio. Dicho de otra manera, aunque aumente el precio, no varía su demanda. Todo un negocio.
¿Dejaría usted de operarse de un enfermedad grave si le cobraran por ello? La salud es un bien tan inelástico que seríamos capaces de darlo todo por ella. Por eso es protegido por la producción pública: la provisión de la administración de este tipo de bienes evita el abuso y la mercantilización de bienes y servicios fundamentales para los ciudadanos. Un sistema público de sanidad que garantiza, por ello, su universalidad.
Por eso un bien o servicio inelástico como la salud es… el gran negocio del siglo. Ésta es la clave, ni por austeridad, ni por ideología, sino el comercio de lo más preciado.
Por eso, la lucha que ha emprendido la marea blanca no es contra la austeridad, ni siquiera (solo) frente a una ideología rampante de hace más de dos siglos, sino contra la prevaricación.

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