Sres/as Inspectores/as:
Por
medio de estas líneas quiero agradecerles el “ calvario “ por el que me han hecho pasar desde Abril de 2010 a Junio de 2011, sin
tener en cuenta las innumerables ocasiones en las que fui citada a comparecer
ante ustedes durante mi tratamiento, por cáncer, que duró dos años y medio, con
16 sesiones de medicación quimioterápica.
Entiendo que ustedes quisieran estar seguros de que yo estaba atada a la
máquina de la medicación y a sus consecuencias
y no de vacaciones pagadas en el Caribe. Hasta aquí comprensible, esa es
su obligación. Lo que ya se comprende menos es el “ acoso y derribo “ al que fui sometida, aún antes de terminar mi
última sesión, 5 de Abril de 2010, hasta el 30 de Junio de 2011.
Siguiendo la consigna de la administración, todos a trabajar que no hay
dinero para pagar sustitutos, ustedes pusieron especial empeño en cumplirla y
metieron en el mismo saco todas las patologías, edades y circunstancias
personales, funcionando como una máquina bien engrasada. Unos derrochan y otros
pagamos las facturas…
Siento no poder dirigirme a ustedes por su nombre, porque a pesar de ser
Inspectores Médicos de EDUCACIÓN, todos, exceptuando al Dr. Mateo , son unos mal educados en el sentido más
estricto de la expresión, ya que no sólo no se identificaron en ningún momento,
sino que además no daban ni los buenos días y, mucho menos, invitaban a sentarse
a una SEÑORA de 62 años, 32 y mucho de servicio y enferma de cáncer por
añadidura. La sensación que tenía era de niña mala que no hace bien los deberes
ante un profesor rígido e inflexible, usando un símil adecuado a mi profesión.
El
citado Dr. Mateo, educado, comedido en sus palabras y firme en sus decisiones.
¿ Con igual firmeza para todos ?
No
puedo dejar de recordar “ cariñosamente “ a la Dra. Alonso, de la que
sé su nombre porque en nuestra primera entrevista se lo pregunté; al escuchar
su tono amenazante y prepotente, tenía que saber el nombre de la persona que
traspasaba de aquella manera los límites que para mi debe haber en toda relación entre iguales en dignidad, humanamente
hablando.
Con la citada doctora tuve el
gusto de hablar-escuchar en cuatro ocasiones, creo. Cada una, más gratificante
que la anterior. Nuestro segundo encuentro fue dos contra uno, porque ella
estaba acompañada por otra ¿ señora? ¿doctora
quizás? Que, siguiendo la norma de la
casa, tampoco me dijo su nombre. En esa cita memorable la Dra. Alonso me dijo
textualmente: “ … mejor es que se
jubile porque con enfermedades como
la suya … “ hermosas y generosas palabras que fueron enfáticamente
ratificadas por su compañera de mesa, la cual puso gran empeño en dejar bien
claro que esa era la mejor posibilidad. Total, pensé ¿ qué otra cosa podía yo
dar más que problemas a la
Administración ? Pero agradezco de corazón esas palabras
porque fueron un revulsivo que me hizo luchar con más fuerza contra esa “mi
enfermedad”.
Una vez más tuve el placer de ver a la ya citada doctora. En esta ocasión
estaba acompañada por otra ¿ señora? Y ¿ un señor?
A los que no oí decir absolutamente nada pero…me volvieron a denegar el
pago del complemento que me estaban descontando en la nómina. Por supuesto ni
buenos días, ni siéntese usted. Olvidan que sus sueldos también salen de mis
impuestos.
La última ocasión en que fui citada, para insistir de nuevo en mi
incorporación o jubilación, la doctora estaba sola y la entrevista terminó con
estas palabras por su parte : “ la
próxima vez que la cite vendré acompañada por personas de más “ relevancia” (
creo que esa fue la palabra ) porque usted hace que me sienta mal”,¡qué paradoja! Yo le hacía sentir
mal…¿ No sería su conciencia ¿? Yo también vendré acompañada, le contesté. Cosa
que hice, la vez siguiente que fui citada, acompañada de un abogado, pero ¡ oh
desilusión! Mi encantadora doctora no asistió a la cita; en su lugar acudió
otra igual de encantadora a la que ni me molesté en preguntar su nombre. Me
daba y me da igual. Para estar en
igualdad de condiciones le pedí a mi abogado que esperara fuera.
Quiero dejar claro, por si no lo sabían, que en el periodo de descanso
entre las dos tandas de 8 sesiones de tratamiento cada una, me incorporé a mi
trabajo VOLUNTARIAMENTE.
Con ese acoso y esa presión, denegándome las bajas por enfermedad y
haciéndome pasar por la
UNIDAD MÉDICA DEL INSS en tres ocasiones, ustedes han sido
los culpables de una depresión reactiva a los malos tratos que sufrí en el
colegio, en Junio de 2010, por parte de unos padres indignados que volcaron en
mi persona su rabia e impotencia ante la desatención administrativa hacia sus
hijos, que pasaron periodos de tiempo sin sustituto, siendo heroicamente
atendidos por los profesores del Centro. Esos malos tratos tuvieron su
continuidad en unos hijos bien aleccionados y consentidos por dos miembros del
E. Directivo, Directora y Jefe de estudios. Estas afirmaciones tan graves las
puedo demostrar documentalmente. Por cierto que he trabajado en ese Centro,
nada más y nada menos, que casi 30 años, desde su inauguración.
Ustedes hicieron caso omiso a todos los informes médicos: médico de
cabecera, cardiólogo, psicólogo y oncólogo.
Una pregunta que dejo en el aire y cuya respuesta no me importa nada en
absoluto pero que puede servir a futuros pacientes de ese servicio de Inspección
Médica ¿ además de los informes médicos para poder tener derecho a una baja
médica o a una incapacidad, es necesario llevar “ la caja de pino” bajo el brazo? Pregunta que haré también a los
médicos del EVI en carta aparte, porque se la merecen por su exquisito trato
médico y humano.
No quiero terminar sin hacer extensivo mi agradecimiento al anterior SR.
DELEGADO TERRITORIAL DE EDUCACIÓN que, como jefe máximo, es tan responsable
como ustedes de tanto dolor causado y con tanta desvergüenza.
Es una triste manera de poner fin a una
carrera profesional después de, exactamente, 34 años 11 meses y 21 días, de
esforzado trabajo, según consta en la documentación recibida con motivo de mi JUBILOSA jubilación
el pasado 31 de Agosto.
Fdo.: María del Carmen Bravo de Laguna M.
Las Palmas de Gran
Canaria a 5 de Noviembre de 2011