domingo, 24 de junio de 2012

"Josu, buenos días, soy Soraya"

Alberto Ruíz-Gallardón, ministro de Justicia, convenció a la vicepresidenta de Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, con el fin de presionar a los miembros del Consejo General del Poder Judicial para que estos sostuvieran la posición del Ejecutivo con relación a Dívar.

Por Antonio Miguel Carmona

A la mañana siguiente Soraya Sáenz de Santamaría estaba sola en el despacho. Tomó su móvil de forma resuelta y buscó en la agenda electrónica el nombre de Erkoreka. -"Josu, buenos días, soy Soraya", le anunció. Tras los saludos de rigor la vicepresidente le adelantó el disgusto del gobierno por la situación de Dívar. -"Si no tienes inconveniente, Josu, te rogaría que me dieras el móvil de Margarita Uría", señaló la vicepresidenta reconociendo cuáles eran las verdaderas intenciones de la llamada al portavoz del grupo vasco en el Congreso de los Diputados.
Margarita Uría es miembro del CGPJ a propuesta del PNV y una de los vocales que sostuvo la necesidad de que Carlos Dívar dimitiera. Erkoreka dudó en esos momentos, pero, sin embargo, le espetó las nueve cifras y, tras colgar, trató de adelantarse a hacer una llamada de advertencia.
La tentación siempre existe y, en función de los principios de cada uno, se tarda en caer en la seducción del ejercicio ilegítimo de ejercer el poder como una sombra alargada o no se sucumbe nunca.
-"Margarita, ¿qué tal?, acabo de hablar con la vicepresidenta, me ha pedido tu teléfono, te va a llamar para presionarte en relación a tu voto en el Consejo", se apresuró en decir Erkoreka. Uría, sin embargo, no dudó en interrumpir al diputado : -"Josu, que se le vaya quitando de la cabeza, a mí que no me llame".
Soraya Sáenz de Santamaría, mientras tanto, comprobaba que el teléfono de Margarita comunicaba. Lo dejó para más tarde mientras, siguió repasando la lista que su secretaria le había dejado encima de la mesa de parte del ministro de Justicia. El siguiente a presionar era Ramón Camp, vocal de CGPJ a propuesta de CiU.
Parecía paradójico que, tras defender el Ministro de Defensa la elección de los vocales del CGPJ por el sistema endogámico previo a 1985 -en el que dominaba la asociación conservadora-, argumentando además la posición en la presunta defensa de la independencia, se atrevieran a ejercer una presión tan directa como obscena.
En rueda de prensa, dándole respuesta a varias preguntas, la vicepresidenta reconocía estas llamadas. Aunque a uno no le quepa imaginarse más imposturas por parte de este gobierno, su capacidad de sorprender es siempre superior a la de mentir. Cuando se les llenaba la boca defendiendo la independencia del poder judicial no esperábamos que de forma tan temprana el Gobierno de la Nación presionara a los jueces y magistrados para tomar una decisión favorable a sus pretensiones.

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